Por Angélica Juárez

En Diciembre de 2019 nos conmociono el saber que en Wuhan China se había desarrollado una mutación del coronavirus llamada covid 19 que estaba matando a muchos en ese lugar. Hasta ese momento no imaginábamos que se llegaría a convertir en una pandemia.Cuando supe por las noticias que ya el virus estaba en Europa empecé a preocuparme por la propagación tan rápida que se estaba dando. Fue en Marzo de 2020 que los primeros casos se empezaron a confirmar en México, entre esos primeros estaban los de Puebla. Ahí fue donde empezó a moverse el temor en cada uno de nosotros, aunque hubo muchos que pensaron que esto era un invento. Y cuando las autoridades sanitarias ordenaron el confinamiento el miedo nos hizo obedecer para salvar nuestras vidas. En el mes de Junio empezaron las primeras muertes en Tecamachalco, y cada vez el virus estaba mas cerca de nosotros. Cuando mi pastor Ignacio Martínez murió, luego supe que otros pastores y médicos también murieron por lo mismo, fue muy doloroso y a la vez el miedo iba subiendo de intensidad. Yo tuve que cerrar mi consultorio. Por ese tiempo un familiar se contagió y yo tuve que inyectarle. Unos días después en la madrugada desperté con una sensación de quemazón en el pecho, sudoración profusa, y una sensación de malestar en la garganta, como que algo me estorbaba. Cheque mi temperatura y estaba bien, pero mi presión estaba muy alta. Inicie tratamiento para covid y de inmediato me hice la prueba nasofaríngea, cuyo resultado me entregaron 4 días después. Pero durante esos cuatro días no pude dormir bien y ahí fue donde pude ver en una forma muy palpable ese espíritu de miedo. Hubo una madrugada en que enfrente una lucha con él, sentí una presencia malévola que me quería ahorcar, luche y luche por un buen rato, le reprendí de diferentes maneras, hasta que con el poder de la Palabra de Dios se fue. Despues de esto pude dormir tranquilamente. Mi resultado fue negativo. Al saberlo, todo síntoma se quitó por completo. Lo que tuve fueron ataques de ansiedad.Después de este episodio empecé un nuevo estilo de vida, tenía sobrepeso, mi alimentación era con muchos azucares, y bastante calórica. Pedí una consulta con una nutrióloga para llevar un régimen saludable y empecé a ejercitar mi cuerpo, estuve en constante chequeo con mi cardióloga, para el control de mi presión. Empecé a tomar suplementos para mejorar mi sistema inmunológico. El resultado es que baje 5 kg de peso, mis triglicéridos, que estaban elevados se normalizaron y me sentí en óptimas condiciones, con mucha energía y mucho ánimo.En Octubre si me infecte de verdad. Pero esta vez no tuve miedo porque no tuve síntomas, y en dos semanas ya estaba totalmente recuperada. No tuve que aislarme de los demás de la familia porque la mayoría fuimos infectados. Estuve activa en la casa, cocinando, y haciendo actividades normales de la casa. Los casos disminuyeron y empezó a haber una nueva normalidad, yo me sentía hasta cierto punto protegida por los anticuerpos que desarrolle, el semáforo llego a amarillo y abrí mi consultorio nuevamente… pero oh oh, llego Diciembre, y empezó a llegar gente de afuera a visitar a la familia, empezaron las reuniones, las fiestas, la cenas de Navidad y Año Nuevo. Se sentía un ambiente festivo en el pueblo, grupos musicales por doquier. Pero en Enero hubo un repunte terrible de covid en casi todo el país. La incidencia fue aún mayor que la vez anterior. Aunque me propuse no ver casos de covid, llego gente que si tuve sospecha de que eran positivos pero que por falta de recursos no se hicieron la prueba.El 5 de Enero del 2021 empecé con tos. Toda la noche tosí, empecé a tomar antibiótico y antiinflamatorios. Al otro dia la tos cedió casi por completo. Tuve un poco de dolor de garganta y congestión nasal. Pasaban los días y fue como que quedo estacionada la gripa, no mejoraba totalmente. Termine el tratamiento y a los dos días nuevamente empecé a toser. Volví a tomar tratamiento pero me alarmo que empecé a sentir dolor de espalda, diarrea, fatiga y pérdida de apetito. Cuando supe que había nuevas cepas y aun más letales del virus acudí a buscar ayuda médica. Me realice varios estudios y el reporte fue: positiva a covid nuevamente, pero esta vez con datos de neumonía, lo cual si me alarmo. Mi saturación estuvo bien todo el tiempo, pero por momentos me asaltaba el temor de que se pudiera complicar.Cuando te sabes positiva, (y me hace recordar un chiste que me hicieron, que soy una mujer muy positiva) te sientes como un arma letal en potencia, como si cargaras explosivos que al tocarte alguien pudieran explotar. Mis contactos en casa tuvieron que realizarse la prueba, entre ellos mi hijo y afortunadamente todos salieron negativos. Así que esta vez tuve que confinarme en casa y salir solo para mis consultas y estudios de laboratorio. Otra vez tuve un encuentro con el miedo, pero esta vez diferente al que tuve cuando presente el ataque de ansiedad. Ahora el miedo me era útil. Pare mis actividades, me dedique al descanso, a la oración, a la lectura de la Biblia. El miedo me hizo ser muy cuidadosa, usar doble cubre bocas, a esperar que el elevador estuviera vacío para poder usarlo, a continuamente usar gel al abrir o cerrar alguna puertas. En una ocasión estaba en la recepción del laboratorio y llegaron dos personas de la tercera edad, me aleje discretamente y salí del lugar. El miedo me ha hecho vigilar mi alimentación, he tenido muchos antojos de todas las delicias de la comida mexicana, pero el miedo me lo impide. Hemos visto que la alimentación juega un papel sumamente importante para la evolución de la enfermedad, no solo de covid, sino de cualquier otra.

Hay dos maneras de enfrentarnos al miedo, una es dejar que te domine y te atrape, que incluso hasta te puede matar, y la otra es usándolo para cuidarte y cuidar a los demás. El temor se puede entender desde el punto de vista espiritual como un arma del enemigo, porque es opuesta a la fe. Y este espíritu ha matado a más gente que la misma enfermedad. Pero también se puede ver como una emoción que forma parte de nuestro bagaje anímico. Doy infinitas gracias a Dios por haber sobrevivido por segunda vez a esta enfermedad tan terrible. Hubo momentos en que llegue a pensar en la posibilidad de que esto se llegara a complicar y tuviera un desenlace fatal y me puse a pensar que tan lista estaba para dejar este mundo y llego un momento en que tuve la firme convicción de decirle a Dios: estoy lista Padre Bueno, cuando tú digas.

Vencí finalmente el temor a la muerte, porque como dijo el apóstol Pablo, para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia, si vivimos, para el vivimos, y si morimos para El morimos, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque por gracia soy salva, y esto no de mí, porque es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe. Creo en la eternidad y sé que el que cree en Jesús aunque este muerto vivirá.Y tu ¿Estás listo?

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